El día después

26 Sep

Estábamos ahí en silencio absoluto, o mejor dicho, ese silencio que incorpora el ruido del motor de la heladera. Comiendo ravioles. Si, después de los nervios, del no saber que hacer y de la locura, se me abrió el apetito. Asique I se puso a hacerme unos ravioles, mientras buscaba respuestas y salidas en las burbujas del agua que hervía. Mientras tanto, mi ansiedad se puso a la cabeza, y llamé a mamá:

– Ma, hace una semana no me viene, no se que onda.
– ¿No tenés síntomas ni nada? ¿Te cuidaste?
– Si ma, no, no me duele nada. Pero nunca se me atrasó tanto, estoy asustada.
– Y bueno te vas a tener que hacer un test, comprate uno y vení a hacertelo en casa ¿Le dijiste a Ivan?
– Si, ya sabe. Bueno mañana compro y voy para alla.
– Listo, no te asustes.

Mamá sabía. Mamá sabía que ya me lo había hecho 2 veces al test. Primero, porque JAMAS la llamé para contarle que no me venía. Segundo, es mi mamá. Mamá goza de ese don inexplicable e incuestionable que detecta automáticamente cuando algo en mi anda mal. No se le escapó ni se le escapa UNA. Ni cuando tuve mi primera vez, ni cuando estaba triste por mi viejo, ni cuando me peleaba con mi ex, ni cuando me iba mal en un parcial. Odié y ame a la vez esa capacidad suya de hacerme transparente, a veces no tenía ganas de hablar pero su insistencia me obligaba, otras veces sabía que en la única que iba a encontrar consuelo era ella, y me ahorraba el “Ma, tengo que contarte algo” que es espantoso en cualquier situación habida y por haber, con la persona que sea. Dormimos en lo de I, y fuimos para casa. En el camino paramos en una farmacia y compramos otros dos tests. Llegamos a casa, I estaba pálido. Subí, mamá me miró con cara de “ya se” pero me dispuse a seguir el acting de que nunca había tenido en mis manos un evatest. Entré al baño, repetí todo. Esperé y esperé. Mamá golpea la puerta y pasa, yo ya me había parado apoyada contra el lavamanos, con el test arriba del inodoro, mirándolo de lejos y resignada, “No, dió positivo. No sé”. Suspiro, cruce de miradas y abrazo. Abrazo y se me escapó en lagrimas todo el cagazo que ya no me entraba en el cuerpo. Fuimos a su habitación, I en el comedor completamente mudo. Nos sentamos en la cama.
– Bueno hija, tranquilizate. Qué pasó? No se cuidaron?
– (Entre llantos, un balbuceo inentendible) No se, no se que pasó, se habrá roto, no se no se.
– Ay R, pero ya estás grande, cómo no se van a cuidar? Qué pasó?
– (Llanto peor, sabía que no era eso lo que necesitaba ni queria escuchar en ese momento)
Entonces se calló y siguió abrazándome, lo entendió. Qué sentido tiene amagar un reto, si lo que está hecho no puede deshacerse ya? Después de un discurso del cual recuerdo muy poco, en el que intentaba calmarme, fue al grano.
– Bueno hija, ya está, es esta la realidad. Ahora lo que hay que hacer, es tomar una decisión. Y quiero que sepas y entiendas que esta decisión es pura y exclusivamente tuya. Ni siquiera pienses en I, porque sea lo que sea que elijas, yo voy a estar al lado tuyo acompañandote. Tenés que decidir que vas a hacer, antes que siga pasando el tiempo.
Yo ya sabía que iba a hacer, me faltaba el coraje para enfrentarlo y largarlo. Me sentía incapaz y débil para hacerlo. Asique me limité a un “no se”. Seguimos en silencio, y mamá siguió hablando. Fue por los dos caminos, tratando de sumergirme en las dos opciones y de entenderlas. Asi empezó el recorrido del laberinto. No puedo pensar en un aborto, me pienso en esa situación y me paralizo. Se que nunca lo voy a olvidar, temo no poder seguir adelante. No puedo. No puedo pensar en ser madre, no me siento madre. No quiero dejar la facultad y sumergirme en algo para lo que no me siento preparada. No estás preparada para ninguna de las dos cosas, con el tiempo lo vas a estar. No puedo pensar en ser madre pero no puedo negar la vida que llevo adentro. Vos no sos madre ahora, de a poco las cosas se van a ir acomodando. No puedo pensar mas, basta. Se me vienen a la cabeza imágenes de mis clases de anatomia, en las que nos pusimos a investigar unos preparados de bebés. Me acordaba sorprendida de ver esa microanatomia, la que veía en los preparados de cadáveres de adultos, ahora reducida en mini. – ¡Qué tierno! Pensaba. Minis aortitas, mini meniscos, mini ligamentos ¡Qué increíble! Hermoso. No, en ese momento no. Porque se me revolvió el estómago y lloré peor. Imaginé que lo que tenia adentro en un futuro se iba a convertir en eso, y que yo tenía el poder de decidir interrumpir todo eso y terminarlo para siempre. No podía, no puedo. Imagino esas mini aortitas, mini meniscos, mini ligamentos, esas manitos. Sin quererlo y de una manera un tanto trillada lo empecé a querer. Cosita chiquita en potencia, adentro mio, ya latiendo. No puedo desprenderme de eso. Puedo reacomodar mi vida para que sea posible, tengo gente que me va a sostener. Miré a mamá, que en silencio miraba mi pérdida adentro de ese laberinto, atenta a no dejarme perder mas, sabiendo que sola podía encontrar la salida. No puedo no tenerlo, le dije. Aún no estaba lista para decir “Quiero tenerlo”. Salimos de la habitación, miramos a I, sentado solo, pobre. Estaba todavía perdido en el laberinto, a el le costó mas tiempo encontrar la salida y tuvo que ser con mi ayuda. Mamá lo abrazó y le dijo todo lo que me dijo a mi ¿Cuándo vas a hablar con papá? Dijo mamá. Yo ya lo estaba pensando, YA dije. Ansiedad, no me abandonó nunca.

Papá llegó, normal como siempre. Por supuesto que ni se lo imaginaba. Y yo tampoco me imaginaba que se lo iba a tomar tan bien. Mamá le dijo que teniamos algo que decirle, y en ese instante me largué a llorar de nuevo. Se asustó, y mamá lo largó “Vas a ser abuelo”. JAMAS me imaginé que lo iba a decir asi, ABUELO WHAT?! Ni yo había procesado que los iba a hacer abuelos, ni se me cruzó esa palabra por la cabeza. A todo esto I estaba plantado en la silla, lo mas alejado posible de papá porque temía por su vida. Mi viejo sonrió con la frescura de siempre “HEY! Por qué lloras? Es una noticia hermosa! Es una alegría”. JAMAS LO HABIA PENSADO COMO UNA ALEGRIA. No sé como lo había pensado. Pero su reacción me puso contenta, y me hizo reír en medio del llanto. Igual seguía cagada de miedo. A mi viejo no se le cruzó por la cabeza pensar que podía llegar a tomar una decisión distinta a donde me iba encaminando, directamente dio por sentado que yo ya lo tenía resuelto, creo que básicamente por cómo se lo dijo mi vieja (una k-pa). Entonces se adelantó a todo, y en el medio de la crudez de todo lo que estaba pasando dijo “- Ahora hay que ver que quieren hacer ustedes. Van a irse a vivir juntos? Si es así, yo los voy a ayudar, no quiero que tengan ninguna duda.” Dijo eso porque I no tenía laburo, como la mayoría de nuestra generación clasemedista que se dedica a la facu y nada mas. Pero todavía no podía pensar en eso, faltaba lo que yo pensaba sería lo mas sencillo o no tan shockeante, decirle a los viejos de I. Jamás estuve tan errada, estaba a punto de adentrarme en una pesadilla que llevaría a no querer nunca mas a mi suegra.

A todo esto, mientras mi viejo se enteraba, mi celular hace una lucecita roja, señal de que me había llegado un mail.
Era mi ex, pasándome el link de una canción, y preguntándome en tono de joda por qué no lo había saludado por su cumpleaños. Oportuno. Llevame Belcebú.

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