Lo supe

20 Sep

Si hay algo que siempre, solemnemente me chupó un huevo, fueron los bebés. Pocas veces alcé uno, seguramente por obligación cuando era mas chica “- Ay la querés tener? – NBueno sii”. Mentira no quería tener un carajo, no se cómo se sostiene, no se en qué consiste. No tenía la menor idea del universo paralelo que existía sobre la maternidad y los bebés, la cantidad de cosas, objetos, ropita, perfumito, coliquitos, mamaderitas, chupetitos con sus distintas anatomias, teta o no teta, y miles de cosas de las cuales hoy soy la primera en entender y conocer cada una de ellas. Primero y principal porque soy una colgada, las cosas suceden a mi alrededor y yo sólo le presto atención a aquello que me interesa. No soy para nada detallista, y mucho menos atenta. Supe masomenos lo que era un bebé con la llegada de Carmela, escondida en el miedo de la gigantezca panza durante 9 meses de una de mis amigas, Mechu. Si no sabía de un bebé, mucho menos sabía del embarazo mas que el proceso fisiológico que la madre atraviesa, lo que estudié en la facu. Siempre leo en esos posts sobre la vez que se enteraron del embarazo “Vi las dos rayitas, y me inundé de felicidad, no podía pedir mas”. Yo vi las dos rayitas, no le creí y me hice otro, no le creí y me hice otro. Ya tenía 6 rayitas que me gritaban que si, evidentemente estaba recontra preñada. En lo que menos pensé, fue que tenía adentro un embrión, en su futuro un feto y posteriormente un bebé. Me quedé sentada en el inodoro, con la mente en blanco, repitiéndomelo una y otra vez por dentro para ver si mi cerebro se dignaba a darme una respuesta, un sentimiento, una sensación LO QUE SEA que me haga sentir aunque sea, viva. En el medio de esa fracasada comunicación que intentaba con mi misma, irrumpe Ivan (mi novio) al baño (estabamos en su casa) “-Y? Y? Que dió?”.

Nos sentamos los dos al borde de la cama, el se desplomó y se tapó los ojos, supuse que estaba igual que yo. Pero mi cerebro ya me estaba respondiendo. Por supuesto lo primero que pensé fue a quién contarle, en cómo decirle a mis viejos, en qué me iban a decir. Necesitaba hacer todo urgente, soy terriblemente ansiosa. Odio el asqueroso momento de estar esperando las respuestas a las cosas, para los parciales por ejemplo, me anoto todas las preguntas e intento garabatear cuales hice bien y mal con el libro al lado, para acercarme a la nota. UNA ENFERMA. Después de eso, pensé en cómo iba a organizarme con la facultad, calculé la fecha de parto, cómo afectaba en mi cuatrimestre. Todo fue automático. Mi cerebro se asustó de movida cuando la idea de un aborto se paseó por ahí, y la descartó rotundamente. Fantasee con olvidarme de todo y continuar mi vida como siempre, con los planes que tenía. Vaya fantasía, creer que luego de tal experiencia pueda seguir “como siempre”. Pensar en el aborto me estremecía las tripas, pensar en tener el resto de mi vida la idea de haber vivido esa experiencia, de conocer sus métodos, de entender que lo que hacía era desprender a mi hijo de mis tejidos me sumía en un pánico mucho mas grande que el que estaba atravesando. “Mi hijo”. Entendiera o no lo que significaba ya lo sentía asi, y pensaba que era un varón. Estoy claramente a favor del aborto, y habiendo pasado por la experiencia de tener que tomar una decisión, creo que es profundamente personal. Es tan terrible para una mujer convivir con el recuerdo de haberlo pasado, como también convivir con una maternidad que no se quiere. Porque realmente creo que ser madre se elije. El cuerpo que aloja la vida, que la nutre, que acompaña su crecimiento, y que lo vuelve a nutrir una vez afuera de la panza, es el nuestro. Yo no se si lo primero que quise fue la maternidad, ante todo la quise a ella.

Ese querer inexplicable, que no tuvo en cuenta la cantidad de cosas tan comunes y esenciales en mi vida al que estaba por renunciar, que no pensó en mi primero. Esa sensación de dejar a la soledad aislada para siempre, porque supe que jamás iba a estar sola. Tuve facilidad para obedecer a los acontecimientos, la que no tengo ahora para soportar tantos cambios. Casi innato, casi primitivo como una mamá mona con su cachorro prendido de sus cueros. Mi fisiología estaba mas que lista para recibirte, y sabía con exactitud que pasos seguir. Mi psiquis, bueno, eso se irá viendo. Pero antes que todo eso, quien latía desesperadamente y con el terror de una persecución, pero que con su fuerza me dijo que era lo que quería y debía hacer, fue mi corazón.

Imagen

Yo, muy feliz con las náuseas. Sin todavía entender que la vida me iba a cambiar para siempre.

 

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